martes, 7 de diciembre de 2010

Pasa siempre

- Aunque me diga que soy la mujer perfecta para él, sé que mis actitudes en ocasiones le molestan.
Pensó María que nunca llegaría el amor de su vida, el hombre de sus sueños, pero fue justo cuando voltió la esquina que se percató que él siempre estaba a su lado.
Después de tanto haber buscado y esperado, no dio más rodeos y se entregó plenamente a él. Las dudas ya estaban de más, estaba segura que él no era un sapo más en su vida, estaba segura que él no era un sapo que creyó príncipe; ni siquiera era el príncipe, era el hombre que necesitaba para su vida.
Pensó durante las primeras semanas que no era bueno proyectarse al futuro con una imagen juntos, a los pocos meses eso ya no le importó, pues no se veía con ningún otro hombre que no fuera José.
Pasan los días y ella siente más arraigado su amor por él en su alma, sabiendo ella que sólo dependía de ella misma, tenía la fuerte sensación que no podía vivir sin él, no podía dejarlo ir, no de nuevo, no él.
María lloró por primera vez, por lamentarse no ser la mujer que José quisiera, y aunque él ha dicho que es la mujer que él necesita y ella lo cree así, siente un vacío que no comprende aún como lo va a sobreponer.
- Quizás ando muy sensible y me lo estoy tomando muy a pecho.
Él no le ha dicho que cambie, le dijo que siga siendo ella misma.
-Pero le molestan mis actitudes.
No puede ser más sincera con él, porque se muestra tal cual, sin prendas. Simplemente es "desnudamente" sincera con él.
- Quizás no sea yo, sino lo que nos limita.
José le prometió entender su entorno, pero ella sabe que su entorno no es bueno para la relación.
- La solución es hoy, es ahora. Respirar y actuar.
Respirar y actuar. Respirar y actuar. Respirar y actuar: Encajar.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Tarde


Creo que eres mi sol.

Eres alguien más de lo que crees,
eres palabras que llenan mi ser
y se complementa con mi sentir.
Tengo tanto temor que te alejes,
por el hecho de saber
que ya no eres alguien más en mi vida,
sino que de a pocos eres tú mismo mi propia vida.
Hace ya unos meses que han pasado
desde nuestra primera conversación,
más que un simple: hola, cómo estás.
Hoy es interés mutuo,
aunque la más interesada por saber más de ti soy yo.
Tantos ideales y sueños en común,
tantas decisiones diferentes y complementadas de tantas explicaciones,
me gusta nuestras cosas en común,
me divierte nuestras diferencias,
me siento tan bien con solo soñar despierta
tu sonrisa llena de ternura y sinceridad.


Invierno

Ayer llovió a media mañana, yo moría de frío, sentía que enfermaba. Así que decidí irme pronto a casa, esperaba que haya mucha gente y abrigarme con el calor asfixiante que se emitía dentro del bus, pero para mi sorpresa estaba repleto de la nada, solo unas cuantas personas. De pronto sentí una mirada extraña, traté de encontrar de quién provenía. Mi mente quedó más congelada que mi cuerpo, nunca creí que lo encontraría. Nos sonreímos, pero ninguno dijo nada.
Ya se acercaba él a su destino cuando me dio una última mirada y levantó sus cejas como signo de coqueteo, se bajó y sentí un calor desde los latidos de mi corazón Llegué a casa y me dije: A pesar del frío, fue un lindo día. El mejor primer día de invierno de estos últimos años.


Carta

Decidí escribir, ya no soportaba más este alejamiento, en realidad sí, pues a pesar del tiempo he podido sobrevivir, pero he decidido escribirle y arreglar nuestra situación: Te pido perdón por haber pensado tanto en ti y llevar esa relación a algo que no cumplía tus expectativas y que solo vivían en mis sueños, perdón por aquellas cosas que te dije y no las esperabas porque nunca te habías enamorado.Perdón por darte cosas que te incomodarían y perdón por haberte llegado a querer tanto cuando tú solo pensabas en alejarte de alguien y no causarle sufrimiento.
Me acerqué al buzón a depositar la carta, pero te vi pasar con otro muchacho, rompí la carta y fuí a tomar un café.



Logras saber
cuando te miro como ahora,
momento en el que no me siento sola,
que mis labios anhelan besos tuyos
y que al interpretar tu mirada,
o al menos lo intuyo,
que también deseas lo mismo.
Me pregunto
si al pasar los días
esa llama ardiente que veo vibrar en tus ojos
será tan fuerte e incesante,
y que si en las noches frías de nuestra ciudad
seguirás pensando que la luna
es más que una roca brillante.