Hace mucho que no escribo mi querido Roberto, y no porque ha dejado de ser algo que me apasione, solo que a veces hay que tomarnos pausas para apreciar lo que nos rodea, y yo decidí tomarme ese tiempo.
Extrañé mucho tus comentarios, tus críticas, tus buenos deseos y sobre todo que me insistieras indirectamente el hecho de hablar aquello que solo tú y yo sabemos.
Nunca olvidaré el día en el que nos conocimos, me miraste de una manera tan intimidante, tus ojos tan fijos en mí y tu mano tan temblorosa cuando estrechamos las manos para saludarnos.
Gracias por estos años de confidencialidad, por estos años de logros, por estos años de amistad, que a pesar que hayas querido negarla, haz sabido llevar.
Sabes que te admiro y quiero, pero mi corazón siempre ha sido y será de ese hombre que hace mucho se fue a la mar y ya nunca más volverá.
Hoy, yo he decidido volver a ti, para compartir nuestros últimos momentos juntos; pero no me pidas más de lo que te puedo dar. Hoy yo regreso por ti, como símbolo de nuestra vieja e incondicional amistad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario