jueves, 22 de octubre de 2009

UNA ORACIÓN


Tanto miedo siente ella que todo le vaya mal, una hipocondría elevada se estaba diagnosticando en ella.
-Y si tengo algo muy grave, y si me dicen que pronto voy a morir. Yo no quiero morir, no sé a dónde iré… Existirá Dios, existe… no existe… existe.
Una disyuntiva se daba en su fe, no quiso pensar más y comenzó a orar:
“Señor, Dios mío, te avergonzarás de mí por poner en duda mi fe, te pido que me mires con misericordia y que deposite en mí tu espíritu el don de la fortaleza para afrontar estos pensamientos.
Sé que tienes un destino para mí, pero aún no sé qué es lo que quieres que siga, tengo mucho miedo Señor, quiero vivir y hacer mucho por ti, pero que se haga tu voluntad mas no la mía.
Quiero seguirte, amarte y enseñar sobre ti, dar a conocer tu buena nueva y tu promesa mi Señor.
Te pido que me cuides, me protejas de todo mal y que pronto me indiques el camino que debo seguir para llegar hacia ti. Amén.”
-Pase- dijo la enfermera.
-Gracias.
El doctor mostraba una cara de preocupación, la joven se resignó, lo más probable era que le dieran una mala noticia, y luego de mostrar un rostro alarmante por fin dijo:
-Señorita, usted es la mujer más sana que haya podido conocer, le sugiero que siga llevando el tipo de vida saludable que tiene y que no exagere tanto en lo síntomas que tiene.
La joven sentía una tranquilidad y un gran alivio dentro de sí, creía que iba a morir. Pero dentro de ella sentía que debía buscar su señal, algo que le indicase cuál era su camino.

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