jueves, 22 de octubre de 2009

YO TAMBIEN


-Margaret, yo te amo.
¿Debí decir eso? No me siento ni satisfecho, ni aliviado de por fin haberlo dicho.
Ella me miró pero no estuvo extrañada, de seguro ya lo sospechaba. Tan evidente he logrado ser, siempre que me saludaba me ponía muy rojo, cada vez que me hablaba no solo la miraba, sino que la contemplaba a tal extremo de no tomar atención a lo que decía, hacía cualquier cosa con tal de hacerle reír, estaba atento a cualquier necesidad de ella, le llevaba chocolates todos los viernes y por más que me decía que atentaba contra su dieta siempre terminaba por comérselos.
-Siempre tú tan ocurrente, siempre me haces reír cuando más lo necesito, gracias… Otro día te me sigues declarando para yo seguir muriendo de la risa. Ya me voy, mamá quiere hacer compras conmigo, sabes que tiene unos gustos muy “peculiares” y pues no quiere que se burlen de su obsequio.
Aunque ella cree que es una broma, una vez más me sentí rechazado, ignorado y decepcionado.
No me sentía tan enamorado desde hace tres años, y cuando por fin creí encontrar a la persona ideal, a la persona con la que me sentiría realizado y feliz, decaí en una leve depresión, ya que tengo por costumbre creer haber encontrado a la persona esperada cuando realmente no es así.
Sonó el celular, un mensaje:
-Yo también, creí que nunca lo dirías.
De pronto mi corazón aceleró sus latidos, esta vez no me equivoqué. Y es por fin que a mis treinta y tres años experimentos después de haber alcanzado todo, la verdadera felicidad.

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