
Sentí que caía, ya nada me importaba, andaba divagando sobre ciertas cosas que ya no tenía sentido, incluida mi vida. Ya nada de lo que podía hacer bastaba para hacer del mundo algo distinto, ya ni con mi vida podía cargar así que decidí encaminarme al lugar donde todo podía tener solución a la inútil ayuda que el mundo recibía.
Estaba desolado, era el lugar preciso, tal y como lo esperaba, me aseguré que nadie estuviera alrededor, entonces cerré los ojos y decidí lanzarme del risco, y cuando por fin creí que mi cuerpo y el viento eran uno, sentí un abrazo que me devolvía a la realidad y una voz tan segura y dulce como ninguna que me dijo al oído:
-¿Por qué lo intentas? ¿No sabías que tu vida vale más que el mar, el sol, las estrellas y cualquier belleza de la naturaleza?
Sentí que la respiración me faltaba, que me ahogaba, quizás estaba en la profundidad del mar y ese ángel me llenaba del remordimiento inexistente de mi fracasada vida. No vi más que oscuridad y solamente me entregué al silencio.
Desperté en una camilla de cuyo lugar no imaginé estar, creí estar rodeado de llamas interminables de un infernal fuego. Sin embargo, me hallaba rodeado de tanta pulcritud hospitalaria y fue entonces cuando volví a sentir esa angelical presencia.
Era una mirada aparentemente triste, pero al mirarla profundamente encontraba la calma, esa paz que toda alma en perdición ansía y una sonrisa que rebozaba en alegría y ternura, tanto así que me hizo llorar.
-“Todos tenemos una segunda oportunidad”.
Fue la frase que cambió mi vida, había olvidado esas palabras o quizás estuve experimentado si existía esa oportunidad en mi vida.
Desde ese momento nos hicimos grandes amigos, dos inseparables seres humanos que quizá hubiesen compartido sus vidas y hubiesen seguido aprendiendo uno igual que el otro sobre la importancia de aquello que rodea y el alcanzar lo que se quiere a costa de todo.
Quizás si aquella noche en la que echados en la arena mirando las estrellas, le hubiese dicho qué tan importante había llegado a ser en mi vida, que quizá fue Dios quien la mandó a ese lugar desértico a salvar a su único amor. No sabía hasta hoy porqué nunca se lo dije, quizá me hubiese dolido más este vacío que aún no consigo sobreponer.
Maldito reloj que no me despertó a la hora, maldita terma que no calentó el agua e hizo que me demorara en bañar, maldita ropa que no estuvo planchada, maldito bus que se me pasó, maldito semáforo peatonal que puso en verde e hizo que cruzaras la pista y maldita imprudencia mía al gritar tu nombre en plena calle e hizo que te detuvieras y que no te dieras cuenta que la luz ya había cambiado y que ese carro rojo se te iba a venir encima.
Hoy aquí frente a todos, despido a esta mujer que cambió nuestras vidas, que nos sacó de aquella oscuridad en la que andábamos para posarnos en la luz, esa esperanza que es la última en perderse, y recordar hoy por ella que todos tenemos una segunda oportunidad aunque ésta ya no se dé más en ella.
Y con lágrimas en los ojos, me despido de mi eterno amor, prometiéndole que viviré al máximo mi segunda oportunidad dejando una rosa blanca con aquel te amo que nunca dije.
Estaba desolado, era el lugar preciso, tal y como lo esperaba, me aseguré que nadie estuviera alrededor, entonces cerré los ojos y decidí lanzarme del risco, y cuando por fin creí que mi cuerpo y el viento eran uno, sentí un abrazo que me devolvía a la realidad y una voz tan segura y dulce como ninguna que me dijo al oído:
-¿Por qué lo intentas? ¿No sabías que tu vida vale más que el mar, el sol, las estrellas y cualquier belleza de la naturaleza?
Sentí que la respiración me faltaba, que me ahogaba, quizás estaba en la profundidad del mar y ese ángel me llenaba del remordimiento inexistente de mi fracasada vida. No vi más que oscuridad y solamente me entregué al silencio.
Desperté en una camilla de cuyo lugar no imaginé estar, creí estar rodeado de llamas interminables de un infernal fuego. Sin embargo, me hallaba rodeado de tanta pulcritud hospitalaria y fue entonces cuando volví a sentir esa angelical presencia.
Era una mirada aparentemente triste, pero al mirarla profundamente encontraba la calma, esa paz que toda alma en perdición ansía y una sonrisa que rebozaba en alegría y ternura, tanto así que me hizo llorar.
-“Todos tenemos una segunda oportunidad”.
Fue la frase que cambió mi vida, había olvidado esas palabras o quizás estuve experimentado si existía esa oportunidad en mi vida.
Desde ese momento nos hicimos grandes amigos, dos inseparables seres humanos que quizá hubiesen compartido sus vidas y hubiesen seguido aprendiendo uno igual que el otro sobre la importancia de aquello que rodea y el alcanzar lo que se quiere a costa de todo.
Quizás si aquella noche en la que echados en la arena mirando las estrellas, le hubiese dicho qué tan importante había llegado a ser en mi vida, que quizá fue Dios quien la mandó a ese lugar desértico a salvar a su único amor. No sabía hasta hoy porqué nunca se lo dije, quizá me hubiese dolido más este vacío que aún no consigo sobreponer.
Maldito reloj que no me despertó a la hora, maldita terma que no calentó el agua e hizo que me demorara en bañar, maldita ropa que no estuvo planchada, maldito bus que se me pasó, maldito semáforo peatonal que puso en verde e hizo que cruzaras la pista y maldita imprudencia mía al gritar tu nombre en plena calle e hizo que te detuvieras y que no te dieras cuenta que la luz ya había cambiado y que ese carro rojo se te iba a venir encima.
Hoy aquí frente a todos, despido a esta mujer que cambió nuestras vidas, que nos sacó de aquella oscuridad en la que andábamos para posarnos en la luz, esa esperanza que es la última en perderse, y recordar hoy por ella que todos tenemos una segunda oportunidad aunque ésta ya no se dé más en ella.
Y con lágrimas en los ojos, me despido de mi eterno amor, prometiéndole que viviré al máximo mi segunda oportunidad dejando una rosa blanca con aquel te amo que nunca dije.
TENGO Q RECONOCER Q ESTA ENTRADA ME IMPACTOO!! aún siento escalosfrios de tan solo pensar qué se podría sentir perder a alguien y creer q eres tu quien fuiste testigo de un adios q nunca pudiste dar...=(
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